Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »Entró, al cabo de dÃas, cubierto de confusión, lágrimas y sobresalto, en su amantÃsima patria, y lo primero que hizo, llegado a ella, fue irse a pedir limosna al torno del convento de do sacó la priora, queriendo fuese teatro del primer acto de su penitencia en su patrio suelo el mismo que lo habÃa sido del que dio principio a su trágica perdición y ciego desatino. Diéronle fácilmente honrada limosna las caritativas torneras, y, en recibiéndola, se llegó a la misma mandadera que le habÃa llevado el primer recado de doña Luisa la mañana en que se principiaron sus locos amores, y preguntóle quién era priora de aquella casa; y, diciéndole ella que doña Luisa lo era años habÃa, porque continuaban las religiosas en reelegirla siempre, no sin gusto de sus superiores, por su gran virtud…
»—¡Doña Luisa —replicó él atónito— decÃs que es priora! ¿Cómo es posible?
»—Ella es, digo —añadió la mujer—, sin duda.
»—Que os burláis de mà —porfió él— he de pensar, pues queréis persuadirme es priora desta casa doña Luisa, de quien he oÃdo decir estaba muy lejos de poderlo ser.
»—Doña Luisa —respondió ella— es, ha sido y será priora muchos años, a pesar de cuantos invidian su virtud y aumento, pues no faltan muchos que lo hacen.