Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »—No estaba yo aún en servicio desta casa cuando él faltó della, ni le conocÃ; pero sé que su nombre era, como decÃs, don Gregorio, y que no hizo otra bajeza ni se tiene dél otra queja que haberse llevado algún dinero prestado de amigos, aunque ya todo lo han pagado sus padres. Que de dos caballos a que a ellos les llevó y otra gran cantidad de moneda, nunca han hecho caso, porque en fin todo habÃa de venir a ser suyo.
»—Pues, amigo, por las entrañas de Dios, os ruego que digáis a esos señores si gustan de hacerme limosna, siquiera por lo que pienso haber conocido a su hijo.
»—¡Y cómo si os la harán, de bonÃsima gana! —dijo el criado—. Yo fÃo que no sólo eso hagan por vos, sino que os regalarán muy mucho y tendrán a merced de que les deis nuevas de prenda que tanto quieren. Y asÃ, aguardadme, os ruego, mientras subo volando a darles el aviso y recado.
»Subióse, dicho esto, el criado arriba, sin curarse, con el contento, de mirar en el rostro al peregrino; que si lo hiciera, fuera imposible no leyera en su turbación y lágrimas que él mismo era su señor y el mayorazgo de la casa.