Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Escríbola desta suerte —dijo don Quijote— porque, ya que imito a los antiguos en la fortaleza, como son al conde Fernán González, Peranzules, Bernardo y al Cid, los quiero también imitar en las palabras.
—¿Pues para qué —replicó don Álvaro— puso vuesa merced en la firma «El Caballero de la Triste Figura»?
Sancho Panza, que había estado escuchando la carta, dijo:
—¡Yo se lo aconsejé, y a fe, en toda ella no va cosa más verdadera que ésa!
—Púseme el de la Triste Figura —añadió don Quijote— no por lo que este necio dice, sino porque la ausencia de mi señora Dulcinea me causaba tanta tristeza, que no me podía alegrar; de la suerte que Amadís se llamó Beltenebros, otro el Caballero de los Fuegos, otro de las Imágenes o de la Ardiente Espada.
Don Álvaro le replicó:
—Y el llamarse vuesa merced don Quijote, ¿a imitación de quién fue?
—A imitación de ninguno —dijo don Quijote—, sino, como me llamo Quijada, saqué deste nombre el de don Quijote el día que me dieron el orden de caballería. Pero oiga vuesa merced, le suplico, la respuesta que aquella enemiga de mi libertad me escribe.
Sobreescrito:
A Martín Quijada, el mentecapto: