Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha El portador desta habÃa de ser un hermano mÃo para darle la respuesta en las costillas con un gentil garrote. ¿No sabe lo que le digo, señor Quijada? Que por el siglo de mi madre, que si otra vez me escribe de emperatriz o reina, poniéndome nombres burlescos, como es «A la infanta manchega Dulcinea del Toboso», y otros semejantes que me suele escribir, que tengo de hacer que se le acuerde. Mi nombre proprio es Aldonza Lorenzo o Nogales, por mar y por tierra.
—Vea vuesa merced si habrá en el mundo caballero andante, por más discreto y sufrido que sea, que pueda sin morir tolerar semejantes razones.
—¡Oh, hideputa! —dijo Sancho Panza—. ¡Comigo las habÃa de haber la relamida! A fe que la habÃa de her peer por ingeño; que, aunque es moza forzuda, yo fÃo que, si la agarro, no se me escape de entre las uñas. Mi señor don Quijote es muy demasiado de blando. Si él la enviase media docena de coces dentro una carta, para que se la depositasen en la barriga, a fe que no fuera tan repostona. Sepa vuesa merced que estas mozas yo las conozco mejor que un huevo vale una blanca: si las hablan bien, dan al hombre el pescozón y pasagonzalo que le hacen saltar las lágrimas de los ojos. Sobre mÃ, que conmigo no se burlan, porque luego les arrojo una coz más redonda que de mula de fraile hierónimo; y más si me pongo los zapatos nuevos. ¡Mal año para la mula del preste Juan que mejor las endilgue!