Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —¡Ay, amarga a de mÃ! —respondió Bárbara—. Si la caparroza es para hacer tinta, ¿cómo decÃs vos, hermano, que la eche en los guisados?
—No sé, en mi conciencia —replicó Sancho—, lo que me echaron encima de las alhondiguillas que me dieron en casa de don Carlos en Zaragoza; lo que sé es que ellas me supieron riquÃsimamente.
—Albondiguillas diréis —dijo Bárbara—; que asà se llamaban en todo el mundo.
—Poco monta —replicó Sancho—, que se llamen de una suerte o de otra; lo que hemos de procurar es sembrar muchas en estando en Chipre.