Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Venga acá, señora reina; que, por vida de nuestra madre Eva, que puede ser vuesa majestad, según está de colorada, reina de cuantas amapolas hay, no sólo en los trigos de mi lugar, pero aun en los de toda la Mancha.
Y, poniéndose tras esto a gatas, como solÃa, volvió la cabeza diciendo:
—Suba; ¡subida la vea yo en la horca a ella, y a quien acá nos trajo tan gentil carga de abadejo!
Bárbara subió diciendo:
—¡Oh Sancho, qué gran bellaco eres! Pues calla, que si la fortuna nos lleva con bien a Alcalá, yo te regalaré mejor que piensas.
—¿Con qué me ha de regalar? —replicó Sancho—; porque sepa que si no ha de ser con cosas de comer, y desas con abundancia, no le darÃa un higo de oro, tamaño como el puño, por todo lo demás que me puede dar.
—Mal gusto tenéis —dijo Bárbara—, Sancho mÃo, pues ponéis el vuestro en cosas más de brutos que de hombres. Lo con que yo, amigo, os regalaré, si llegamos a Alcalá con la salud que deseo y paramos allà algunos dÃas, será con una mocita como un pino de oro con que os divertáis más de dos siestas; que las tengo allà muchas y bonÃsimas, muy de manga; y aun si vuestro amo quisiera otra y otras, se las daré a escoger como en botica.