Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Señor —dijo Sancho—, no tiene que meterme en el caletre esos guerreamientos, pues ya vee lo mucho que me costaron ese otro año con la pérdida de mi rucio, que buen siglo haya; tras que jamás me cumplió lo que mil veces me tenÃa prometido de que nos verÃamos, dentro de un año, yo adelantado o rey por lo menos, mi mujer almiranta y mis hijos infantes; ninguna de las cuales cosas veo cumplidas por mà (¿oye vuesa merced o duérmese?), y mi mujer tan Mari Gutiérrez se es hoy como ahora un año; asà que yo no quiero perro con cencerro. Y, fuera deso, si nuestro cura, el licenciado Pero Pérez, sabe que queremos tornar a nuestras caballerÃas, le tiene de meter a vuesa merced con una cadena por unos seis o siete meses en domus Getro, que dicen, como la otra vez; y asÃ, digo que no quiero ir con vuesa merced; y déjeme dormir, por vida suya, que ya se me van pegando los ojos.
—Mira, Sancho —dijo don Quijote—, que yo no quiero que vayas como la otra vez; antes, quiero comprarte un asno en que vayas como un patriarca, mucho mejor que el otro que te hurtó Ginesillo; y, en fin, iremos ambos con mejor orden, y llevaremos dineros y provisiones y una maleta con nuestra ropa; que ya he echado de ver que es muy necesario, porque no nos suceda lo que en aquellos malditos castillos encantados nos sucedió.
—Aun desa manera —respondió Sancho—, y pagándome cada mes mi trabajo, yo iré de muy buena gana.