Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Oyendo su resolución, alegre don Quijote, prosiguió diciendo:
—Pues Dulcinea se me ha mostrado tan inhumana y cruel, y, lo que peor es, desagradecida a mis servicios, sorda a mis ruegos, incrédula a mis palabras y, finalmente, contraria a mis deseos, quiero probar, a imitación del Caballero del Febo, que dejó a Claridana, y otros muchos que buscaron nuevo amor, y ver si en otra hallo mejor fe y mayor correspondencia a mis fervorosos intentos, y ver juntamente… ¿Duermes, Sancho? ¡Ah, Sancho!
En esto, Sancho recordó diciendo:
—Digo, señor, que tiene razón, que esos jayanazos son grandÃsimos bellacos, y es muy bien que les hagamos tuertos.
—¡Por Dios —dijo don Quijote— que estás muy bien en el cuento! Estoyme yo quebrando la cabeza diciéndote lo que a ti y a mà más, después de Dios, nos importa, y tú duermes como un lirón. Lo que digo, Sancho, es…, ¿entiendes?
—¡Oh! Reniego de la puta que me parió —dijo Sancho—. Déjeme dormir con Barrabás, que yo creo bien y verdaderamente cuanto me dijere y piensa decir todos los dÃas de su vida.