Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Harto trabajo tiene un hombre —dijo don Quijote— que trata cosas de peso con salvajes como éste. Quiérole dejar dormir, que yo, mientras que no diere fin y cabo a estas honradas justas, ganando en ellas el primero, segundo y tercero dÃa las joyas de más importancia que hubiere, no quiero dormir, sino velar, trazando con la imaginación lo que después tengo de poner por efecto, como hace el sabio arquitecto, que, antes que comience la obra, tiene confusamente en su imaginativa todos los aposentos, patios, chapiteles y ventanas de la casa, para después sacallos perfetamente a luz.
En fin, al buen hidalgo se le pasó lo que de la noche quedaba haciendo grandÃsimas quimeras en su desvanecida fantasÃa: ya hablando con los caballeros; ya con los jueces de las justas, pidiéndoles el premio; ya, finalmente, saludando con grandÃsima mesura a una dama hermosÃsima y ricamente aderezada, a quien presentaba desdel caballo con la punta de la lanza una rica joya. Con estos y otros semejantes desvanecimientos, se quedó al cabo adormido.