Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Agora echo de ver, amigo Sancho, las grandÃsimas mercedes que cada dÃa recibo de la sabia Urganda, mi benévola y fidelÃsima protectora, pues hoy me lo ha dado claramente a entender; que en esta fortaleza está aquel perverso encantador Frestón, mi contrario, aguardándome con alguna estratagema o engaño, con soberbio talante, entre duras cadenas, en su obscura mazmorra; pero ya que voy del caso bien advertido, me determino acabar de una vez con él, si puedo, para que de aquà adelante pueda andar más seguro y libre por todas las partes del mundo que caminare. Y, por que creas, Sancho, y vos, poderosÃsima reina, y vosotros, virtuosÃsimos mancebos, que digo verdad, ¿no veis, entre aquellos soldados que en la puerta del castillo están haciendo centinela, un hombre alto y moreno de cara, con una varilla en la mano derecha y en la izquierda un libro? Pues aquél es mi mortal enemigo, el cual ha venido a estorbarme la batalla que con el rey de Chipre, Bramidán de Tajayunque, tenÃa aplazada, con el fin de irse luego por el mundo baldonándome y publicando de mà que no me atrevà de puro cobarde llegar a la Corte a verme con él, donde me aguardaba para la pelea; y si tal me estorbase con sus encantamientos, lo sentirÃa a par de muerte. Por tanto, yo me determino de ir y ver si de alguna manera puedo quitar del mundo a quien tantos males y daños ha causado y causa en él.