Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Y con esto comenzó a revolver el caballo por acá y por acullá, haciendo gambetas, de lo cual reÃan mucho los comediantes; a los cuales, como Sancho viese reÃr de tan buena gana, tras haberles dicho su amo las razones, a su parecer, tan dignas de amedrentarlos, les dijo en alta voz:
—¡Ea!, soberbios y descomunales representantes, oprimidores de las vergonzosas infantas que están ahà detrás de vosotros haciendo humildes oraciones a los cielos para que las libren de vuestra tiránica representante vida, acabemos ya. Y si os habéis de dar por vencidos a mi señor don Quijote de la Mancha, sea luego; porque queremos entrar en la venta yo y la señora reina de Segovia; que a fe que tenemos muy bien picados los molinos. Y, si no, aparejaos para enviarnos aquà algunos cuartales de pan, en cuya destroza nos ocupemos Su Majestad y yo, mientras mi señor la hace en vosotros en esta vecina guerreación. ¡Asà guerreado le vea yo en casa de todos los griegos de Galicia!
Los representantes estaban tan maravillados, que no sabÃan qué responder a los disparates del uno y simplicidades del otro; mas el autor, con cuatro o cinco de los compañeros, se salió de la venta y, llegándose donde estaba don Quijote, le dijo: