Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —¡Ay, señora reina Segovia! ¡Compasión del pobre de Sancho, su leal lacayo y servidor, y mire la tribulación en que está puesto! Y, pues es tan impotente, ruegue a este señor moro que me eche a aquellas partes en que más de mà se sirva; sólo no me mate.
Entonces llegó Bárbara diciendo:
—Suplico a vuesa merced, poderosÃsimo señor alcaide y noble castellano deste alcázar, remita, por amor de mÃ, esta vez a Sancho vida y miembros; que le debo buenos servicios y salgo por fiadora de su enmienda, obligando, si no lo hiciere, todos sus bienes muebles y raÃces, habidos y por haber, al castigo que ordenare vuesa merced darle.
Respondióle el autor con gran boato y fingida cólera:
—Vuesa merced, señora reina de la calle de los Bodegones de Alcalá, me perdone; que de ninguna manera puedo dejar de acabar con este villano, si ya no es que, volviéndose moro, siguiese el Alcorán de nuestro Mahoma.
—Digo —respondió Sancho—, señor turco, que creo en cuantos Mahomas hay de levante a poniente, y en su Alcorral, de la suerte y como vuesa merced lo manda, y como lo permite y consiente nuestra madre la Iglesia, por quien daré la vida y ánima y cuanto puedo decir.