Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —¡Oh, señor pagano, el más honrado que hay en todas las paganerÃas!, por las llagas del señor San Lázaro, que santa gloria haya, le ruego que tenga misericordia de mÃ; y si es servido, antes que me coma, mande vuesa merced dejarme ir a despedirme de Mari Gutiérrez, mi mujer, que es colérica, y si sabe que vuesa merced me ha comido, sin que yo me haya despedido della, me terná por grandÃsimo descuidado, y no podré después verle una buena cara. Basta, que le prometo bien y verdaderamente de volver aquà para el dÃa que vuesa merced mandare; y plegue a Dios, si faltare, que esta caperuza me falte a la hora de mi muerte, que es cuando más la habré menester.
—Amigo —respondió el autor—, no hay remedio de ese negocio.
Y, levantando la voz, dijo:
—¡Hola!, ¿a quién digo? Criados, traedme luego aquà aquel asador de tres púas en que suelo espetar los hombres enteros, y asadme al punto a este labrador.
El pobre Sancho que tal oyó decir, volvió la cabeza y vio a Bárbara que estaba hablando con uno de los representantes, llena de risa, y dÃjola con increÃble dolor de su ánima: