Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Las cosas que el triste Caballero Desamorado hizo y dijo, viéndose de aquella suerte, colÃjanlas los curiosos de su condición y braveza, pues ya la ternán penetrada de las primeras partes de su historia, que no se atreve el historiador desta, por ser tan estraordinarias y dignas de elegantÃsimas exageraciones, a referirlas. Lo que sé decir es que el autor mandó a los mozos le tuviesen de la suerte que estaba, sin soltarle de ninguna manera hasta que él volviese. Y tras esto, salió con algunos compañeros en busca de Sancho, a quien halló abrazado con Bárbara, mesándose las espesas barbas, llorando amargamente por ver lo que su amo padecÃa, al cual dijo:
—Ahora, don bellaco, me pagaréis lo de antaño y lo de hogaño; levantaos, que no hay para mà lágrimas ni ruegos, porque pienso luego a la hora, en llegando con vos al castillo, desollaros muy bien, y cenarme esta noche vuestros higadillos, y mañana asar todo lo demás de vuestro cuerpo y comérmelo, que no me sustento yo de otra cosa que de carne de hombres.
Sancho, que oyó aquella crudelÃsima sentencia, luego se hincó de rodillas, y cruzando las manos debajo de la caperuza, comenzó a decirle: