Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Levantaos, señor moro nuevo; dad acá la mano y mirad que de aquà adelante habéis de hablar algarabÃa como yo, que presto subiréis a arráez, alfaquà y a gran baján.
—Pardiez, señor —dijo Sancho—, que aunque me hagan rebadán, querrÃa más llegar primero a mi lugar a dar cuenta de mà a dos bueyes que tengo en casa, seis ovejas, dos cabras, ocho gallinas y un porquete, y a despedirme de Mari Gutiérrez en lengua moruna, y a decirle cómo me he vuelto ya turco; que quizás ella también se querrá tornar turca. Pero hallo un inconveniente en si lo quisiere hacer, y es que no sé de adónde la podremos retajar, porque no tiene debajo del cielo de adónde.
Respondió el autor diciendo:
—Eso no importa nada, porque ya la cortaremos el dedo pulgar de la mano derecha; y esto bastará.
—A fe —dijo Sancho— que ha dicho muy bien, porque ese dedo no le hará a ella la falta que me hará a mà lo que me quiere cortar; que en efeto es muy mala hilandera. Mas con todo he pensado de dó será mejor circuncidarla, porque no le quite el dedo que dice, que todavÃa es bueno tenga cinco dedos en cada mano, como Dios manda en las obras de misericordia.
—¿De dónde, pues —preguntó el autor—, la circuncidaremos?