Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha De cĂłmo don Quijote y su compañĂa llegaron a Alcalá, do fue libre de la muerte por un estraño caso, y del peligro en que allĂ se vio por querer probar una peligrosa aventura
Todo su cuidado ponĂa don Quijote en que la reina Bárbara le honrase en la entrada que pensaba hacer en la Corte, y en que no hiciese caso de los atrevimientos de su escudero; y asĂ, le dijo:
—Suplico a vuesa merced, altĂsima señora, no repare en cosa que le diga este animal, sino que disimule con Ă©l, como yo hago, dejándole para quien es, siquiera por lo que habemos menester por estos caminos. Y, pues ya estamos en Alcalá, parĂ©ceme marchemos por aquĂ poco a poco detrás destas murallas, sin pasar por medio del lugar, que es grande y poblado de gente de cuenta. Y parĂ©ceme será acertado tambiĂ©n que vuesa merced se cubra el rostro con ese precioso volante hasta que pasemos de la otra parte, por lo que es conocida de todos; que, puestos en ella, nos podremos quedar, si nos pareciere, en algĂşn mesĂłn secretamente esta noche y a la mañana entrarnos con la fresca en Madrid.
HĂzose asĂ, y a la que comenzaron a rodear el muro, volviendo la cabeza Bárbara a Sancho, le dijo:
—¡Ea!, señor galán, seamos amigos, y no haya más enojos conmigo, por su vida; que yo le perdono todo lo pasado.
