Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha

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CapĂ­tulo XXVIII

De cómo don Quijote y su compañía llegaron a Alcalá, do fue libre de la muerte por un estraño caso, y del peligro en que allí se vio por querer probar una peligrosa aventura

Todo su cuidado ponía don Quijote en que la reina Bárbara le honrase en la entrada que pensaba hacer en la Corte, y en que no hiciese caso de los atrevimientos de su escudero; y así, le dijo:

—Suplico a vuesa merced, altísima señora, no repare en cosa que le diga este animal, sino que disimule con él, como yo hago, dejándole para quien es, siquiera por lo que habemos menester por estos caminos. Y, pues ya estamos en Alcalá, paréceme marchemos por aquí poco a poco detrás destas murallas, sin pasar por medio del lugar, que es grande y poblado de gente de cuenta. Y paréceme será acertado también que vuesa merced se cubra el rostro con ese precioso volante hasta que pasemos de la otra parte, por lo que es conocida de todos; que, puestos en ella, nos podremos quedar, si nos pareciere, en algún mesón secretamente esta noche y a la mañana entrarnos con la fresca en Madrid.

Hízose así, y a la que comenzaron a rodear el muro, volviendo la cabeza Bárbara a Sancho, le dijo:

—¡Ea!, señor galán, seamos amigos, y no haya más enojos conmigo, por su vida; que yo le perdono todo lo pasado.


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