Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —¿Villano? —respondió Sancho—. Villano sea yo delante de Dios, que para lo deste mundo importa poco serlo o dejarlo de ser; pero es grandÃsima mentira decir ese otro, de que estoy harto de ajos, pues no comà esta mañana en la venta sino cinco cabezas dellos que el ladrón del ventero me dio por un cuarto. ¡Miren si me habÃa de hartar con ellas! Mas, dejando esto aparte, dÃgame, por su vida, señora reina, ¿cuál es peor? ¿Haber estado ella esta noche con aquellos dos mozos de los comediantes y almorzar con ellos esta mañana una gentil asadura frita, bebiéndose con ella dos azumbres de vino, como me dijo el ventero que ha hecho su merced, o comer yo cinco cabezas de ajos crudos?
—Hermano —respondió Bárbara—, si estuve con ellos, no fue por hacer mal a nadie; que libre soy como el cuchillo y no tengo marido a quien dar cuenta, gracias a Domino Dio, et vivit Domine que más lo hice porque hacÃa un poco de fresco, que no por bellaquerÃa, como vos sospecháis, que sois un grandÃsimo malicioso.
—¿Malicioso me llamáis? —replicó Sancho—. A fe que no me lo osárades vos decir detrás como me lo decÃs delante; pero vaya, que más longanizas hay que dÃas, y bien sabemos aquà mamarnos el dedo, aunque bobos.