Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Y, quedándose él paseando por el patio sin desarmarse, oyó tocar a deshora con mucho concierto cuatro trompetas, y después de ellas un ronco son de atabales; lo cual oÃdo por nuestro buen caballero, le causó notable suspensión, con la cual estuvo atentÃsimamente escuchando, sin saber qué cosa fuese; y al cabo de rato, después de haber hecho en su fantasÃa un desvariado discurso, llamó a Sancho y le dijo: