Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Tres o cuatro que a la puerta se habÃan detenido, viendo aquel hombre armado, le dijeron:
—Si vuesa merced ha de ir al paseo, bien puede; que ya es hora, pues llegará en ésta el catredático al mercado; que aquà no hay justas ni jayanes de los que vuesa merced ha dicho, sino un paseo que hace la universidad a un dotor médico que ha llevado la cátreda de Medicina con más de cincuenta votos de exceso, y llevan delante dél, por más fiesta, un carro triunfal con las siete virtudes y una celestial música dentro, y tal, que si no fue la que se llevó el año pasado en el paseo del catredático que llevó la cátreda de prima de TeologÃa, jamás se ha visto otra igual. Y las trompetas y atabales que vuesa merced oye, es que van ya paseando por todas las calles principales, con más de dos mil estudiantes que con ramos en las manos van gritando: «¡Fulano, vÃctor!».
—A pesar de todo el mundo, a pesar vuestro y de cuantos contradecir lo quisieren —replicó don Quijote—, es lo que tengo dicho.
Sacó Sancho en esto el caballo, y, subiendo don Quijote en él, estaba tal y tan cansado, que aun hiriéndole con el duro acicate, apenas se podÃa menear y no dejaba casa en la cual no procurase entrarse. Sancho se quedó con Bárbara en un aposento, la cual, como arriba dijimos, procuraba no ser conocida de persona alguna en Alcalá.