Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Caminó nuestro caballero por aquellas calles poco a poco, yendo siempre hacia la parte que sentÃa el sonido de as trompetas, hasta tanto que encontró la bulla de la gente en medio de la calle Mayor; la cual, cuando vieron aquel hombre armado y con la figura dicha, pensaban que era algún estudiante que, por alegrar la fiesta, venÃa con aquella invención. Y, poniéndose él frontero del carro triunfal que delante del catredático iba, viendo su gran máquina y que caminaba sin que le tirasen mulas, caballos ni otros animales, se maravilló mucho y se puso a escuchar despacio la dulce música que dentro sonaba. Iban delante de los músicos, en el mismo carro, dos estudiantes con máscaras, con vestidos y adorno de mujeres, representando el uno la SabidurÃa, ricamente vestida, con una guirnalda de laurel sobre la cabeza, trayendo en la mano siniestra un libro y en la derecha un alcázar o castillo pequeño, pero muy curioso, hecho de papelones, y unas letras góticas que decÃan:
SAPIENTIA AEDIFICAVIT SIBI DOMUM.
A los pies della, estaba la Ignorancia, toda desnuda y llena de artificiosas cadenas hechas de hoja de lata, la cual tenÃa debajo de los pies dos o tres libros, con esta letra:
QUI IGNORAT, IGNORABITUR.
Al otro lado de la SabidurÃa, venÃa la Prudencia, vestida de un azul claro, con una sierpe en la mano, y esta letra: