Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha En oyéndole el autor, rogó a uno de sus compañeros que en todo caso fuese y trajese el caballo, adarga y espada de don Quijote, rescatándolo todo por cualquier dinero de dondequiera que estuviese. Fue el representante preguntando por ello; y, sacando el caballo de un mesón, la adarga y espada de una pastelerÃa, donde ya todo estaba empeñado, lo volvió al autor, y él a don Quijote, que se lo agradeció infinito, atribuyéndolo todo al poder de su mágica sabidurÃa. Y, preguntándole el mismo autor adónde estaban su escudero Sancho Panza y Bárbara, le respondió que fuera del lugar, en un mesón que está junto a la puerta de Madrid, los habÃa dejado.
—Pues vamos allá luego —dijo el autor—; que yo por agora mando, y vuesa merced debe obedecerme, que importa mucho.
Don Quijote respondió que por todo lo del mundo no le dejarÃa de obedecer como a persona tan sabia y en cuyas manos tenÃa ya puestas, habÃa dÃas, todas sus cosas. Hizo llevar el autor delante con un mozo el caballo, lanza y adarga de don Quijote, y a él le mandó que se fuese a pie en su compañÃa, mano a mano, hasta la posada, adonde le dejó encargado al mesonero, con orden que de ninguna manera le dejase salir a pie ni a caballo aquella tarde; y cumpliólo el huésped puntualÃsimamente.