Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Cuando Sancho vio a su amo los dientes ensangrentados, le dijo:
—¡Cuerpo de san QuintÃn, señor Desamorado! ¿No le he dicho yo cuatrocientas mil docenas de millones de veces que no nos metamos en lo que no nos va ni nos viene, y más con estos demonios de estudiantes? Apostemos que le han hinchido de gargajos, como a mà en Zaragoza. Lávese, pecador soy a Dios, que tiene las narices llenas de sangre.
—¡Oh Sancho, Sancho —respondió don Quijote—, y cómo aquellos follones que asà me han parado se lo pueden agradecer al sabio Alquife, mi amigo! Que, si por él no fuera, yo hiciera tal carnicerÃa dellos, que sus viejos padres tuvieran bien que enterrar y sus mujeres que llorar todos los dÃas de su vida. Pero, ya vendrá tiempo en que paguen por junto lo de antaño y lo de hogaño.
Respondió el mesonero, oyéndole:
—Por su vida, señor caballero, que no se meta con estudiantes; porque hay en esta universidad pasados de cuatro mil, y tales, que cuando se mancomunan y ajuntan hacen temblar a todos los de la tierra; y dé gracias a Dios, pues le han dejado con la vida, que no ha sido poco.