Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha

Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha

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Viendo don Quijote el calor que hacía, por consejo de Bárbara, se determinó apear en el prado de San Hierónimo a reposar y gozar de la frescura de sus álamos, junto al Caño Dorado, que llaman, do estuvieron todos hasta más de las seis, con descanso dellos y de las cabalgaduras, paciendo ellas y durmiendo sus amos a ratos y a ratos platicando. Pero, llegadas las seis, como sintiesen la gente que iba saliendo al ordinario paseo del Prado, determinaron subir a caballo y entrarse en la Corte. Y, a la que iban cruzando la calle, vio don Quijote tanta gente, caballos y carrozas, caballeros y damas como allí suelen acudir; se paró un poco y, volviendo la rienda a Rocinante, dio en pasear el Prado sin decir nada a nadie, apesarados Bárbara y Sancho de su humor, y siguiéndole por ver si le podrían poner en razón, y dándose al diablo viendo que llevaban ya tras sí de la primer vuelta más de cincuenta personas, y que se les iban allegando muchos caballeros de los que por allí paseaban, admirados y llenos de risa de ver aquel hombre armado con lanza y adarga, y a leer las letras y ver las figuras que en ella traía, por no saber a qué propósito traía aquello.





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