Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Iba don Quijote tanto más ufano cuanto más se le llegaban, e Ãbase parando adrede para que pudiesen leer los motes que traÃa en la empresa, sin hablar palabra. Otros le daban la vaya cuando le vÃan con aquella figura y acompañado de la simple presencia de Sancho y de aquella mujer atapada, vestida de colorado, atribuyéndolo todo a disfraz y a que venÃan de máscara.
Sucedió, pues, que yendo adelante don Quijote con este paseo y acompañamiento, sin que bastasen a ponerle en razón sus consortes, vio venir una rica carroza tirada de cuatro famosos caballos blancos, a la cual acompañaban más de treinta caballeros a caballo y muchos lacayos y pajes a pie. Detúvose don Quijote, luego que la vio, en mitad del camino por donde habÃa de pasar, puesto el cuento de la lanza en tierra, esperando con gentil continente. Los que venÃan con ella, cuando vieron tanta gente junta, que tomaba media calle, y vieron juntamente aquel hombre armado de todas piezas y con su grande adarga, se llegaron al que dentro venÃa, que era un titular grave, que habÃa salido a tomar el fresco, y le dijeron:
—Señor, allà abajo se vee una grande tropa de gente, y en medio della está un hombre armado con una adarga tan grande como una rueda de molino; y no sabemos, ni nadie sabe, quién es o a qué propósito viene de aquella suerte.