Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Cuando esto oyó el caballero, sacó la cabeza fuera la carroza y, como le vio llegar ya cerca, dijo a un alguacil de Corte que iba hablando con él le hiciese placer de ir a saber qué era aquello. Fue a verlo, y, apenas se apartó de la carroza, cuando llegó a ella un lacayo del mismo señor y le dijo:
—Ha de saber vuesa señoría que aquel hombre armado que allí viene le vi yo en Zaragoza habrá un mes, cuando fui a llevar el recado del casamiento de vuesa señoría a mi señor don Carlos, en cuya casa comí con su escudero un día, después de una famosa sortija que allí hubo, en la cual fue convidado este armado, que es medio loco, o no sé cómo me lo diga; si bien decían que es rico y honrado hidalgo, de no sé qué lugar de la Mancha. Pero, por haberse dalo demasiado a leer los fabulosos libros de caballerías que andan impriesos, teniéndolos por verdaderos, ha quedado desvanecido de manera, que, saliendo de su tierra, se le ha antojado que es caballero andante y que anda por tierras ajenas de la suerte que se vee. Y trae por escudero un pobre labrador de su mismo lugar que es el que viene a su lado en el jumento, única pieza, y muy gracioso y grandísimo comedor.