Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha En esto se llegó más cerca por el otro lado a la carroza don Quijote, tirando de la rienda a la mula de Bárbara, a la cual, mal de su grado, traía ya descubierta la cara, más propria para hacer acallar niños por su mala cara, que para ser vista de gentes. A la cual, como viesen todos los circunstantes tan fea y arrugada, y por otra parte con el chincharrón mal zurcido y peor apuntado, no pudieron detener la risa; y, viendo Sancho que el caballero de la carroza se la estaba mirando de espacio y se santiguaba viendo su fealdad y la locura de don Quijote, dijo:
—Bien hace vuesa merced, de persinarse, porque no hay cosa en el mundo mejor, según dice el cura de mi lugar, para hacer huir a los demonios, aunque la señora reina no lo es por agora, podría ser, si Dios le diese diez años de vida sobre los que tiene, faltarle poco para serlo.
El caballero, disimulando cuanto pudo, dijo a Bárbara: