Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha De la peligrosa y dudosa batalla que nuestro caballero tuvo con un paje del titular y un alguacil
El criado, don Quijote, Sancho y Bárbara comenzaron a caminar hacia casa del titular que les habÃa convidado con no poca admiración de cuantos los topaban por las calles, ni menor trabajo del criado en decir a unos y a otros el humor y nombre del armado y calidad de la dama, y adónde y para qué fin los llevaba. Con esta molestia los entró en casa de su señor, y, mandando dar recado a las cabalgaduras, los subió luego a los tres a un rico aposento, diciendo a don Quijote:
—AquÃ, señor caballero, puede vuesa merced reposar y quitarse las armas y asentarse en esta silla hasta que mi señor venga; que no puede tardar mucho.
A lo cual respondió don Quijote que no estaba acostumbrado a desarmarse jamás por ningún caso, y menos en tierra de paganos, donde no sabe el hombre de quién se ha de fiar ni lo que puede fácilmente suceder a los caballeros andantes, en deshonor del valor de sus personas.
—Señor —replicó el criado—, aquà todos somos amigos y deseamos servir a los caballeros de la calidad de vuesa merced, y asÃ, bien puede estar en esta casa sin cuidado ni recelo de contraria fortuna.
