Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Y con esto, arrojaba a dos manos cuchilladas a todas partes. El pobre Sancho estaba a la puerta mirando lo que su amo hacÃa, y dijo en voz alta.
—Eso sÃ, señor don Quijote; no se dé por vencido a esos bellacos de turcos, que le llevarán al Alcorán y le circuncidarán mal que le pese, y después le pondrán a los pies unas trabas de hierro como a mà en Sigüenza.
En esto, cargó tanta gente sobre nuestro buen hidalgo, que, a pesar suyo, le quitaron la espada y, agarrándole media docena de corchetes, le ataron as manos atrás.
Acertó a pasar por allÃ, cuando andaba en esta refriega, que era al anochecer, un alcalde de corte en su caballo, el cual, viendo tanta gente junta, preguntó qué era la causa de aquello, y uno de los circunstantes le dijo:
—Señor, una grandÃsima desvergüenza; que un hombre armado de todas piezas ha entrado en esta casa, do vive, como vuesa merced sabe, tal titular, y ha querido matar en ella un paje suyo; y, queriéndole prender ciertos alguaciles por ello y la resistencia que les hacÃa, temerariamente ha dado a uno dellos una muy buena cuchillada.
—¡Mal caso! —respondió el alcalde de corte.