Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Y, llegando donde los corchetes tenÃan a don Quijote, sin poderle llevar, según se resistÃa, mandó que le dejasen; y asÃ, le levantaron de tierra, y puesto en pie, atadas las manos atrás, le dijo el alcalde, maravillado de verle de aquella suerte y con tanta cólera:
—Venà acá, hombre del diablo: ¿de dónde sois y cómo os llamáis, que tanto atrevimiento habéis tenido en casa de dueño de tan ilustres calidades?
Don Quijote le respondió:
—Y vos, hombre de Lucifer, que eso preguntáis, ¿quién sois? Lo que habéis de hacer es ir vuestro camino adelante mucho de noramala y no meteros en lo que no os va ni os viene; que yo, quienquiera que fuera, soy cien veces mejor que vos; y la vil puta que os parió, y os lo haré confesar aquà a voces, si subo en mi preciado caballo y tomo la lanza y adarga que aquesta soez y vil canalla me ha quitado; pero yo les daré el castigo que su loco atrevimiento merece, en matando al rey de Chipre, Bramidán de Tajayunque, con quien tengo aplazada batalla delante del rey católico; y juntamente tomaré venganza del prÃncipe Perianeo de Persia, cuyas son estas cosas, si no castiga la descortesÃa que los de su real palacio me han hecho, siendo yo Fernán González, primero conde de Castilla.
Maravillóse el alcalde de corte de oÃr los disparates de aquel hombre; pero uno de los corchetes dijo: