Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Vuesa merced, señor, crea que este hombre es más bellaco que bobo, y ahora que ha hecho el disparate y lo conoce, se hace loco para que no le llevemos a la cárcel.
—Ahora ¡sus! —dijo el alcalde de corte—, llévenle a ella y pónganle a buen recado hasta mañana que salga a la audiencia y se vea su pleito.
Con esto, le comenzaron a asir los corchetes, resistiĂ©ndose Ă©l cuanto podĂa. SucediĂł, pues, que a esta hora, que ya eran cerca de las nueve, llegĂł el titular a la puerta de su casa con mucho acompañamiento; y, como vio tanta gente junta en su calle, preguntĂł la causa, y llegándose a Ă©l el alcalde de corte, le contĂł cuanto aquel hombre armado habĂa hecho y dicho. En oyĂ©ndolo, se riĂł mucho el titular dello y, refiriendo al alcalde lo que don Quijote era y cĂłmo por su orden le habĂan traĂdo a su casa, le suplicĂł le soltase, dándosele como en fiado, que Ă©l se obligaba a entregársele siempre que le requiriese o constase que no era lo que le contaba, obligándose juntamente a todos los daños y costas de la cura del alguacil y a satisfacerle bastantemente. Lo mismo le rogaron todos los circunstantes que le acompañaban, deseosos de pasar la noche con el entretenimiento que les prometĂa el humor del preso y de los que venĂan en su compañĂa.