Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Viose obligado el alcalde, viendo los ruegos y seguridades que le daban gente tan principal, a condecender con su deseo; y asÃ, mandó a los corchetes le soltasen y entregasen al dicho titular, el cual, viéndole libre, le dijo:
—¿Qué es esto, señor Caballero Desamorado? ¿Qué aventura es esta que le ha sucedido?
Respondió don Quijote:
—¡Oh, mi señor Perianeo de Persia! No es nada; que, como toda esta gente es gente bahuna, no he querido hacer batalla con ella, aunque creo que alguno ha llevado ya el pago de su locura.
En esto, llegó Sancho, el cual estaba de lejos, mirando todo lo que su amo habÃa padecido, y quitándose la caperuza, dijo:
—¡Oh!, señor prÃncipe, su merced sea bienvenido para que libre a mi señor destos grandÃsimos bellacos de alcaldes, peores que el de mi tierra, pues se han atrevido a quererle llevar agarrado a la cárcel, cual si no fuera tan bueno como el rey y papa y el que no tiene capa; que he visto el negocio de suerte que, si no fuera por vuesa merced, creo que sin duda lo efectuaran, y aun yo, a no temerles, les diera dos mil mochicones.
—Bien podéis creer, amigo —dijo el caballero—, que si no lo fuera yo tanto del alcalde de corte como lo soy, y el respeto que él, como tal, me tiene, que lo pasara mal el señor don Quijote.