Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Pues nosotros decimos —respondió Sancho— que no queremos ir allá ni nos pasa por la imaginación. Si quiere llevar a la reina Segovia, hágalo muy en hora buena, que nos hará mucho placer en ello, y el diablo lleve a quien lo contradijere, pues no nos sirve de otra cosa por esos caminos más que de echarnos en costa, que ya habemos gastado con ella en mula y vestidos más de cuarenta ducados, sin lo que ha comido. Y lo bueno es que quien después se lleva la mejor parte son los mozos de los comediantes. Sólo le advierto, como amigo, que, si ha de llevársela, mire bien cómo la come; porque es un poco vieja y estará dura como todos los diablos; y así, lo que podrá hacer será echalla en una olla grande (si la tiene) con sus berzas, nabos, ajos, cebollas y tocino; dejándola cocer tres o cuatro días, estará comedera algún tanto, y será lo mesmo comer della que comer de un pedazo de vaca, si bien no le tengo envidia a la comida.
No pudo don Álvaro, oyendo esto, disimular más, viendo que todos se reían; y así, se fue para don Quijote los brazos abiertos diciéndole:
—¡Oh, mi señor Caballero Desamorado!, déme esos brazos y míreme bien a la cara, que ella le dirá como el que le habla y tiene delante es don Álvaro Tarfe, su huésped y gran amigo.
Don Quijote le conoció luego, y abrazándole le dijo: