Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Parecióles a todos bien la aguda traza de atajar la prolija conversación, y encaminándose cada uno para su cuarto, salieron todos de la sala.
Apenas estuvo fuera della el pobre Sancho, cuando le cogieron los criados de don Álvaro y de don Carlos, a quienes conocía él bien, y preguntando del cocinero cojo y dándose la bienvenida entre sí, le dijo uno dellos:
—A fe, señor Sancho, que va vuesa merced medrando bravamente. No me desagrada que al cabo de sus días dé en rufián; por mi vida, que no es mala la moza. Rolliza la ha escogido; señal de buen gusto. Pero guárdela de los gavilanes desta corte, y vuesa merced vaya sobre el aviso, no le coja algún alcalde de corte con el hurto en las manos; que a fe que no le faltarán docientos y galeras; que liberalísimamente se dan esas prebendas en la corte.
—No es mía la moza —respondió Sancho—, sino del diablo que nos la endilgó en camisa en medio de un bosque; y, desa suerte y por el tanto, la podrán tomar vuesas mercedes siempre que quisieren; que la ropa que trae nuestro dinero nos cuesta. Y juro non de Dios que si por ella me diesen, no digo docientos azotes y galeras, sino cuatro mil obispados, que la diera a Barrabás a ella y a todo su linaje, y que hiciera que se acordara de mí mientras viviera.