Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Las del señor príncipe pagano —respondió Sancho— son tales, que me obligan a desearle servir aun en la misma pelea; y así, haciéndolo desde aquí, le doy por consejo que no salga a ella si no es bien comido; que, en fin, la tarde es larga; y aún será acertado llevarse alguna cosa fiambre para mientras descansaren, por si acaso le diere gana de comer el cansancio. Yo, desde aquí, le ofrezco llevarlo todo, si quisiere, sobre mi rucio, en unas alforjas grandes que tengo; y más, me ofrezco a mandar a mi amo que cuando le haya vencido a su merced y le tenga derribado en tierra y esté para cortarle la cabeza, se la corte poco a poco, porque le haga menos mal.
Agradecióle el príncipe Perianeo los buenos servicios que deseaba hacerle, y a su amo le acetó la dilación de la batalla, mostrando deseaba mucho su amistad y que temía el haber de salir en campaña con él, supuesto el abono que de su valor daban don Carlos y don Álvaro; el cual dijo a todos:
—Paréceme, señores, que estos negocios quedan en buen punto; y así, razón será irnos a reposar; que harto tendremos que hacer mañana en dar aviso a toda la corte de la venida del señor don Quijote y del fin que le trae a ella, que es el deseo grande que tiene de libertalla de las molestias del insolente rey Bramidán.