Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha En que se prosiguen las graciosas demostraciones que nuestro hidalgo don Quijote y su fidelísimo escudero Sancho hicieron de su valor en la corte
Parecióles al titular y a don Carlos que la primera cosa que habían de hacer, salidos de casa y oída misa, era besar las manos a Su Majestad y a algunos señores de calidad y del Consejo, dándoles parte del estado del casamiento. Efectuáronlo, pues, así, saliendo acompañados de don Álvaro y de otros amigos que habían venido a visitar a don Carlos.
Ya estaban levantados sus huéspedes, don Quijote, Bárbara y Sancho a la que salían de casa, que no tuvieron poco en qué entender con ellos en hacerles quedar en ella; que no había remedio con don Quijote, sino que les había de honrar con su compañía, subido en Rocinante. Y a puras promesas de que enviarían luego por él, dada razón de su venida a los grandes, le hicieron quedar, aunque no sin guardas, para que de ninguna suerte le dejasen a él ni a los de su compañía salir de casa. A la que los señores salían della, se asomó deprisa Sancho a una ventana, diciendo a voces: