Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Señor don Carlos, si acaso topare por ahà aquel escudero negro, mi contrario, dÃgale que le beso las manos y que se apareje para esta tarde o mañana para acabar aquella batalla que sabe con uno de los mejores escuderos que tiene barbas en cinta; y más, que le desafÃo, para después de la pelea, a quién segará mejor y más apriesa, y aun le daré dos o tres gavillas de ventaja, con tal condición, que comamos primero un gentil gazapo con su ajo, que yo lo sé hacer a las mil maravillas.
Tiróle en esto don Quijote del sayo con cólera, diciendo:
—¿Es posible, Sancho, que no ha de haber para ti guerra, conversación ni pasatiempo que no sea de cosas de comer? Deja estar el escudero negro, que sobre mà que él te venga sobrado a las manos; y aun a fe que entiendo que habrás bien menester las tuyas para él.