Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —No habré —replicó Sancho—, porque pienso ir prevenido a la pelea llevando en la mano zurda una gran bola de pez blanda de zapatero, para, cuando el negro me vaya a dar algún gran mojicón en las narices, reparar el golpe en dicha bola. Pues es cierto que, dando él el golpe en ella, con la furia que le dará, se le quedará la mano pegada de manera que no la pueda desasir; y asÃ, viéndole yo con la mano derecha menos y que no se puede aprovechar della, le daré a mi salvo tantos y tan fieros mojicones en las narices, que de negras se las volveré coloradas a pura sangre.