Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Magnánimo, poderoso y siempre augusto Archipámpano de las Indias, decendiente de los Heliogábalos, Sardanápalos y demás emperadores antiguos, hoy ha venido a vuestra real presencia el Caballero Desamorado, si nunca le oÃstes decir; el cual, después de haber andado la mayor parte de nuestro hemisferio y haber muerto y vencido en él un número infinito de jayanes y descomunales gigantes, desencantando castillos, libertando doncellas, tras haber deshecho tuertos, vengado reyes, vencido reinos, sujetado provincias, libertado imperios y traÃdo la deseada paz a las más remotas Ãnsulas, mirando con los ojos de la consideración a todo lo restante del mundo, he visto que no hay, en toda la redondez dél, rey ni emperador que más digno sea y mejor merezca mi amistad, conversación y trato que vuesa alteza, por el valor de su persona, lustre de sus progenitores, grandeza de su imperio y patrimonio, y principalmente por el esfuerzo que muestra su bella y robusta presencia. Por tanto, yo he venido, magnánimo monarca, no a honrarme con vos, que asaz tengo de honra adquirida, ni a procurar vuestras riquezas ni reinos, que ahà tengo yo el imperio de Grecia, Babilonia y Trapisonda para cada y cuando que los quisiere, ni a deprender cortesÃas ni otras cualesquier gracias ni virtudes de vuestros caballeros, que mal puede aprender quien es conocido y respetado por todos los prÃncipes de buen gusto, por espejo y dechado de virtud, crianza y de todo prudencial y buen orden militar, sino a que, desde este dÃa, me tengáis por verdadero amigo, pues dello os resultará no solamente honra y provecho, sino juntamente sumo contento y alegrÃa. Que llano es que todos los emperadores del mundo, en viéndome de vuestra parte, os han de rendir, mal que les pese, vasallaje, enviar parias, multiplicar embajadores, a fin sólo de hacer con vos inviolables y perpetuas treguas mientras yo en vuestra casa estuviere, compelidos del temor que con el trueno de mi nombre y con la gloria de mis fazañas les entrará por los oÃdos hasta lo Ãntimo del corazón. Y, por que veáis que la fama que de mis obras habéis oÃdo no es solamente voz que se la lleve el viento, sino valentÃas heroicas y conquistas célebres, acabadas con suma facilidad y felicidad en gloria del orden de la caballerÃa andantesca, quiero que luego en vuestra presencia venga conmigo a las manos aquel soberbio gigante Bramidán de Tajayunque, rey de Chipre, con quien ha más de un mes que tengo aplazada batalla para delante de vos y de todos vuestros grandes, en cuya presencia le he de quitar la monstruosa cabeza y ofrecerla a la gran Zenobia, reina hermosÃsima de las Amazonas, con cuyo lado me honro y a quien pienso dar el dicho reino de Chipre entre tanto que este brazo la restituye en el suyo, que el Gran Turco le tiene usurpado; quedándome atrás esta victoria, la que también espero alcanzar de cierto hijo del rey de Córdoba, tan alevoso, que en mi presencia levantó un falso testimonio a una reina, de quien es alnado; y por remate hacer desistir de la vida o de su pretensión al prÃncipe Perianeo de Persia en los amores de la infanta Florisbella, pues los solicita mi grande amigo BelianÃs de Grecia, y no cumplirÃa con lo que a quien soy debo si no le dejase sin pretendiente tan importante en tan grave pretensión. Vuesa alteza, pues, mande luego a los tres venir por orden a esta real sala, que de nuevo les reto, desafÃo y aplazo.