Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Pues vaya vuesa merced contando —replicó Sancho—, que ya tengo una.
Y poniendo las manos en arco, sin quitarse la caperuza, con no poca risa de los que le miraban, estuvo un buen rato sin hablar, hasta que, viéndolos callar, comenzó a decir, procurando empezar como su amo don Quijote, a cuyas razones habÃa estado no poco atento:
—Magnánimo, poderoso y siempre agosto harto de pámpanos…
Don Quijote le tiró del sayo, diciendo:
—Di augusto Archipámpano, y habla con tiento.
Y él, volviendo la cabeza, dijo:
—¿Qué más tiene augusto que agosto y esotro de pámpanos? ¿Todo no se va allá?
Y prosiguió diciendo:
—Habrá vuesa merced de saber, señor decendiente del emperador Eliogallos y Sarganapalos, que yo me llamo Sancho Panza el escudero, marido de Mari Gutiérrez por delante y por detrás, si nunca le oÃstes decir, el cual, por la gracia de Dios y de la Santa Sede apostólica, soy cristiano y no pagano, como el prÃncipe Perianeo y aquel bellaco de escudero negro; y ha dÃas que ando en mi rucio con mi señor por la mayor parte deste nuestro…
Y, volviendo la cabeza a su amo, le dijo:
—¿Cómo diablos se llama aquél?