Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —¿No ves, Sancho, que todo era fingido, no más de por darte a entender mi grande esfuerzo en el combatir, destreza en el derribar y maña en el acometer?
—¡Mal haya el puto de mi linaje! —replicó Sancho—. Pues ¿por qué me arrojaba aquellas descomunales cuchilladas? Que, si no fuera porque cuando tiró una me encomendé al glorioso san Antón, me llevara medias narices, pues el aire de la espada me pasó zorriando por las orejas. Esos ensayamientos quisiera yo que vuesa merced hubiera hecho cuando aquellos pastores de marras, de aquellos dos ejércitos de ovejas, le tiraron con las hondas aquellas lágrimas de Moisén con que le derribaron la mitad de las muelas, y no conmigo. Pero, por ser la primera vez, pase, y mire lo que hace de aquà adelante, y perdone, que me voy a comer.
—Eso no, Sancho —dijo don Quijote—. Desármame y quédate a comer conmigo, para que después de comer tratemos de nuestra partida.