Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Pues aguardaos un poco —respondió Sancho—, que sois demasiado de súpito, y aún no estoy del todo determinado de reñir con vos.
Enfadóse don Quijote, y díjole:
—Por cierto, Sancho, que me parece tienes sobrado temor a ese negro, y así entiendo es imposible salgas bien desta hecha.
—¡Oh, mal haya quien me parió —replicó Sancho— y aun quien me mete en guerreaciones con nadie! ¿Vuesa merced no sabe que yo no vengo en su compañía para hacer batallas con hombres ni mujeres, sino sólo para servirle y echar de comer a Rocinante y a mi asno, por lo cual me da el salario que tenemos concertado? Tanto me hará que dé a Judas las peleas, y aun a quien acá me trajo. ¡Mirad qué cuerpo non de tal con vuesa merced! Estáse ahí el señor Arcapámpanos y su mujer con todo su abolorio, y el príncipe Perianeo y el señor don Carlos y don Álvaro con los demás, desquijarándose de risa, y vuesa merced, armado como un San Jorge, contemplándose a su reina Segovia, y no quiere que tenga temor estando delante de mi enemigo con la candela en la mano, como dicen. Igual fuera que se pusieran de por medio todos y nos compusieran, pues saben fuera hacer las siete obras de misericordia.