Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Calle —respondió él—; que no lo entiende. ¿Quiere saber mejor que yo lo que tengo de decir? El diablo me lleve si no me ha hecho quebrar el hilo que llevaba, con la más linda estrologÃa que se podÃa pensar… Pero diga, que ya me acuerdo. «Habéis de saber que desde que yo salà del Argamesilla hasta agora, no nos hemos visto; mi salud dicen todos que es muy buena; sólo me duelen los ojos de puro ver cosas del otro mundo, plegue a Dios que tal sea de los vuestros. Avisadme de cómo os va del beber y si hay harto vino en la Mancha para remediaros la sed que mi presencia os causaba; y mirad, por vida vuestra, escardéis bien el huertecillo de las malas hierbas que le suelen afligir. Enviadme los zaragüelles viejos de paño pardo que están sobre el gallinero, porque acá me ha dado el Arcapámpanos unos zaragüelles de las Indias que no me puedo remecer con ellos; guardarlos he para vos, que quizás se os asentarán mejor, y más que sin mucho trabajo traeréis guardado el hornillo de vidrio, pues tienen por delante una puerta que se cierra y abre con una sola agujeta. Si queréis venir, ya os tengo dicho lo que nos dará el Arcapámpanos cada mes de salario; y asÃ, os mando que antes que esta carta salga de aquÃ, os vengáis a servir a la Arcapampanesa, trayendo todos los bienes muebles y raÃces con vos que ahà están, sin dejar un palmo de tierra ni una sola hoja del huerto. Y no me seáis repostona, que me canso ya de vuestras impertinencias, y tanto será lo de más como lo de menos; y no os haya de decir, como acostumbro, con el palo en la mano: jo, que te estriego, burra de mi suegro».