Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Beso a vuesa merced las manos —le respondió Sancho— por ese buen servicio. Agora sólo resta saber si las tierras de vuesa merced que tengo de sembrar este otoño están lejos; tras que, como no las sé, será menester ir a ellas el domingo que viene, y también conocer las mulas y saber qué resabios tienen y si tienen buenas coyundas y todo el demás aparejo; porque no quiero diga después de mà vuesa merced que soy descuidado.
—Todo está, Sancho —le replicó don Carlos—, de la manera que deseáis. Lo que se ha de hacer es que escribamos la carta a vuestra mujer.
—Escribamos por cierto —respondió él—, con la bendición de Dios. Pero vuesa merced advierta que ella es un poco sorda y será menester que la escribamos un poco recio para que la oiga. Haga la cruz y diga: «Carta para Mari Gutiérrez, mi mujer, en el Argamesilla de la Mancha, junto al Toboso». Ahora bien, dÃgale que con esto ceso, y no de rogar por su ánima.
—¿Qué es lo que decÃs, Sancho? —le dijo don Carlos—, ¿aún no le habemos dicho cosa, y ya decÃs: «Con esto ceso»?