Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha

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Viendo don Álvaro que ya comenzaba a disparatar, se levantó diciendo:

—Vámonos a reposar, señor don Quijote, porque hemos de madrugar mucho para llegar con tiempo a Toledo, por lo que hay de peligro en la tardanza.

Y dicho esto, se volvió al paje diciéndole:

—Y vos, discreto embajador de la noble infanta Burlerina, idos luego a cenar y después a acostar en la cama que el mayordomo os señalare.

Salióse el paje de la sala, y con él los demás, yéndose todos a sus camas, sin reparar don Quijote más en Sancho que si nunca le hubiera visto, que fue particular permisión e Dios. Verdad es que la mañana, en levantándose, a la que ensillaban los criados de don Álvaro y paje del Archipámpano, preguntó por el escudero; mas divirtióle el humor don Álvaro diciéndole que no cuidase dél, porque ya se aprestaba para seguirles y que poco a poco se vernía detrás, como otras veces solía.

Tras esto y tras almorzar bien y despedirse del príncipe Perianeo y de don Carlos, se salieron de la corte y caminaron para Toledo, ofreciéndoseles por el camino graciosísimas ocasiones de reír, particularmente en Getafe y Illescas. Llegados a la vista de Toledo, dijo don Quijote al paje de la infanta Burlerina:


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