Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Paréceme, amigo, que sería bien, antes de entrar en la ciudad, dar una gentil ruciada al campo del enemigo, pues vengo yo bien armado, y él muestra estar descuidado el azote que tan cerca tienen sobre sí sus arrogancias en mi esfuerzo, pues sería empezar a hacerle bajar la cresta, que tan engreída tiene.
El paje le respondió:
—El orden, señor, que del rey e infanta traigo es que sin rumor alguno vamos a donde nos están esperando.
—Discretísimo es ese orden —añadió don Álvaro—, pues no hay duda sino que sería poner en contingencia la victoria, si les diese vuesa merced la menor ocasión del mundo para prevenirse, y tendríanla grande de hacello con el rumor que haríamos, pues es cierto que, en sintiéndonos, darían aviso las despiertas centinelas de que hay enemigos.
—Digo —dijo don Quijote— que quiero seguir ese parecer como más acertado, pues por lo menos me asegura de que los cogeré de repente. Y así, vos, paje de la infanta Burlerina, guiad por donde habemos de entrar sin ser sentidos; pero id prevenido de que si solos somos, tengo de hacer antes que entre en la ciudad una sanguinolenta riza destos andaluces paganos que se han atrevido a llegar a los sacros muros de Toledo.