Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Castellano desta fortaleza, y vosotros, caballeros que, para defenderla con todos los soldados que dentro están, atalayáis, puestos en perpetua centinela dÃas y noches, invierno y verano, con intolerables frÃos y fastidiosos calores, los enemigos que os vienen a dar asaltos y hacer salir en campaña a probar ventura, dadme luego aquÃ, sin réplica alguna, un escudero mÃo que, como falsos y alevosos, contra todo orden de caballerÃa habéis prendido, sin hacer batalla primero con él; que yo sé por esperiencia que él es tal por su persona, que, a hacerlo, no tenÃa para empezar en diez de vosotros. Y, pues estoy certificado de que le prendistes como alevosos con la fuerza del encantamiento de la vieja maga que dentro tenéis o por traición, demasiado de comedimiento os hago en pedÃroslo con el término que os le pido. Volvédmele, digo otra vez, al punto, sà queréis quedar con las vidas y escusar de que no os pase a todos con los filos de mi espada y deshaga este castillo sin dejar en él piedra sobre piedra. ¡Ea!, entregádmelo luego —decÃa, levantando la voz con más cólera— aquà sano, salvo y sin lesión alguna, juntamente con todos los caballeros, doncellas y escuderos que en vuestras escuras mazmorras con crueldad inhumana tenéis presos. Y si no, salid todos juntos, no desarmados, como ahora os veo, sino con vuestros preciados caballos, puestas vuestras corazas fuertes y vuestras blandeadoras lanzas de recio fresno, que a todos os espero aquÃ.