Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Pues dile, Sancho —dijo don Quijote—, que apareje su preciado palafrén, mientras yo me visto y armo, para que partamos.
Bajó Sancho, y lo que primero hizo fue ir a ver si estaba aderezado el almuerzo. Ensilló a Rocinante y enalbardó a su jumento, poniendo a punto el adarga y lanzón de don Quijote; el cual bajó muy de espacio, con sus armas en la mano, y dijo a Sancho que le armase, porque querÃa partir luego. Sancho le dijo que almorzase, que después se podrÃa armar; lo cual él no quiso hacer en ninguna manera, ni quiso tampoco sentarse a la mesa, porque dijo que no podÃa comer en manteles hasta acabar cierta aventura que habÃa prometido. Y asÃ, comió en pie cuatro bocados de pan y un poco de carnero asado, y luego subió en su caballo con gentil continente y dijo al ventero y a los demás huéspedes que allà estaban:
—Castellano y caballeros, mirad si de presente se os ofrece alguna cosa en que yo os sea de provecho; que aquà estoy prompto y aparejado para serviros.
El ventero respondió:
—Señor caballero, aquà no habemos menester cosa alguna, salvo que vuesa merced o este labrador que consigo trae me paguen la cena, cama, paja y cebada, y váyanse tras esto muy en hora buena.