El Periquillo Sarniento. Tomo I

El Periquillo Sarniento. Tomo I

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A pesar de este prudente método, todavía aprendimos bastantes despropósitos de aquellos que se han enseñado por costumbre, y los que convenía quitar, según la razón y hace ver el ilustrísimo Feijóo en los discursos X, XI y XII del tomo séptimo de su Teatro crítico.

Así como en el estudio de la gramática aprendí varios equivoquillos impertinentes, según os dije, como Caracoles comes; pastorcito come adobes; non est peccatum mortale occidere patrem suum, y otras simplezas de éstas; así también, en el estudio de las súmulas, aprendí luego luego mil sofismos ridículos, de los que hacía mucho alarde con los condiscípulos

más cándidos, como por ejemplo: besar la tierra es acto de humildad: la mujer es tierra, luego, etc. Los apóstoles son doce, San Pedro es apóstol, ergo, etc.; y cuidado, que echaba yo un ergo con más garbo que el mejor doctor de la Academia de París, y le empataba una negada a la verdad más evidente; ello es, que yo argüía y disputaba sin cesar, aun lo que no podía comprender, pero sabía fiar mi razón de mis pulmones, en frase del padre Isla. De suerte que por más quinadas que me dieran mis compañeros, yo no cedía. Podía haberles dicho: a entendimiento me ganarán, pero a gritón no; cumpliéndose en mí, cada rato, el común refrán de que quien mal pleito tiene, a voces lo mete.


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