El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –Pues me parece –dijo el tután– que tú eres tan médico como teólogo o soldado; porque esta hierba, tan lejos está de ser remedio contra la calentura, que antes es propísima para acarrearla, de suerte que tomadas cinco o seis hojitas en infusión de medio cuartillo de agua, encienden terriblemente en calentura al que las toma.
Descubierta tan vergonzosamente mi ignorancia, no tuve más escape que decir:
–Señor, los médicos de mi tierra no tienen obligación de conocer los caracteres particulares de las hierbas, ni de saber deducir las virtudes de cada una por principios generales.
Básteles tener en la memoria los nombres de quinientas o seiscientas, con la noticia de las virtudes que les atribuyen los autores, para hacer uso de esa tradición a la cabecera de los enfermos, lo que se consigue fácilmente con el auxilio de las farmacopeas.
–Pues a ti no te será tan fácil –dijo el mandarín– persuadirme a que los médicos de tu tierra son tan generalmente ignorantes en materia del conocimiento de las hierbas, como dices.
De los médicos como tú, no lo negaré; pero los que merezcan este nombre sin duda no estarán enterrados en tan grosera estupidez que, a más de deshonrar su profesión, sería causa de infinitos desastres en la sociedad.