El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –¿Qué han de hacer?... –dije yo, imbuido en mis flojas ideas. Tratan de divertirse, de pasearse, y cuando más, trabajan en que no se menoscabe su caudal. Si vieras las casas de algunos condes y nobles de mi tierra, si asistieras a sus mesas, si observaras su lujo, el número de sus criados, la magnificencia de sus personas, lo aparatoso de sus coches, lo grande de sus libreas, y lo costoso y delicado de su tren, te llenarías de asombro.
–¡Oh poderoso Tien! –dijo el chino–. ¡Cuánto más valía ser conde o noble de tu tierra, que la tercera parte del rey de la mía! Yo soy un noble, es verdad, y en tu tierra sería un conde, pero ¿qué me ha costado adquirir este título y las rentas que gozo? Fatigas y riesgos en la guerra, y un sinnúmero de incomodidades en la paz. Yo soy un ayudante, o segundo del tután o jefe principal de la provincia; tengo honores, tengo rentas, pero soy un fiel criado del rey y un esclavo de sus vasallos. Sin contar con los servicios personales que he hecho para lograr este destino, ahora que lo poseo, ¡cuántos son los desvelos y padecimientos que tolero para sostenerlo y no perder mi reputación! Sin duda, amigo, yo apreciaría más ser conde en tu tierra que loitia[96] en la mía. Pero después de todo, ¿tú quieres volver a México, tu patria?
–Sí, señor –le dije–, y apetecería esa ocasión.